‘Maratón balcánico’, tercer libro de Miguel Roán (Vigo, 1981) sobre la región, está teniendo una estupenda acogida entre el público. Cuarenta y dos relatos, tantos como kilómetros tiene un maratón, que acercan al lector la realidad de los Balcanes. Leer más

Ángel Sastre lleva más de una década dedicándose al periodismo internacional como freelance. Sabe como ejercer la profesión sin morir en el intento. Aprovechando que ha pasado unos días en España, GPress ha repasado con él la situación y evolución del periodismo internacional.

Silvia Fernández

Pertenece a esa nueva generación de corresponsales internacionales y fotógrafos: jóvenes y freelance. Con sede en Buenos Aires, Sastre cubre para diversos medios españoles la información de Sudamérica. En días libres y vacaciones, se desplaza a zonas calientes y conflictos bélicos. Ha cubierto, entre muchas informaciones: la guerra de Siria, donde fue secuestrado junto a Antonio Pampliega y JM López por Al Qaeda, las revueltas en Venezuela, los enfrentamientos en Ucrania o la muerte de Fidel Castro.

Acaba de recibir el Premio de Periodismo de la Ciudad de Badajoz y aprovechado su estancia para participar en diversas mesas redondas e impartir talleres sobre periodismo internacional y corresponsalías. En el último, el pasado viernes en la Asociación de la Prensa de Madrid, orientó a los asistentes en el camino a seguir para sumergirse en el periodismo internacional y en el trabajo del periodista freelance. “El periodista freelance no descansa”, sentenció. Y lo demuestra con su trabajo, al aterrizar de vuelta en Buenos Aires le esperaba la muerte del Fiscal General del Estado, José Manuel Maza.

A?ngel Sastre durante el taller impartido en Madrid

Sastre se inició en el periodismo internacional aprovechando una beca en Londres. “No era una zona en conflicto, pero si me daba la posibilidad de trabajar como corresponsal”, afirma. Allí decidió que quería viajar a Latinoamérica. Su seña es trabajar, hacer las cosas bien y con cabeza. “No hay que lanzarse a cubrir una guerra sin más, no es necesario. En todos lados hay temas que merecen ser contados. Puedes empezar por lo que tienes cerca y luego ir viajando, conectando con gente con más experiencia, ir aprendiendo e ir pegando saltos poco a poco hasta alcanzar tus metas”. Entiende el periodismo como un trabajo de investigación y denuncia, y así lo hizo en uno de sus primeros trabajos en Localia San Benito (Extremadura): “Me estaba muriendo del asco cubriendo museos del jamón y tractoradas. Así que me involucre con los gitanos, con sus historias, sus ritos y sus conflictos”.

Su compromiso con denunciar las injusticias y dar voz a quién no la tiene, por ello recalca que “la mayoría de mis reportajes en zonas de conflicto son sobre civiles”. Sus coberturas, a veces, le provocan problemas. Así, ha sido expulsado varias veces de Ucrania, ha tenido problemas en su último viaje a Venezuela para cubrir las revueltas y tiene prohibida la entrada en varios países.

Crítico con la situación de los freelance en los medios de comunicación, recalca que es importante “trabajar para ganar dinero. Por supuesto que hay que preocuparse por la seguridad

Ahora, ya tiene una marca que le permite cubrir todo un continente para distintos medios de comunicación en España con los que colabora habitualmente. Radio, televisión, prensa,… Ejemplo del periodista multimedia capaz de defenderse e informar en cualquier formato.  Aunque, asegura “ya está todo antiguo” en relación a la rapidez con que las nuevas tecnologías avanzan y cambian el lenguaje informativo y la forma de informar e informarse. En ese reiventarse constante trabaja en un nuevo proyecto, el War Comic. Junto a Jon Sedano y Juan Alberto Hernández, Sastre trabaja en contar la guerra en formato de cómic animado. Y es que “el hombre orquesta está antiguo, hay que ser el hombre virtual”, sentencia.

Por ello, a los jóvenes periodistas les aconseja “adelantarse a lo que viene”. Lo mejor que pueden hacer como periodistas freelance, la figura que domina la profesión, es “reiventarse, pensar cómo utilizar las tecnologías para mostrar su trabajo pero también para ganar dinero”. El futuro, dice Sastre, está en el streaming y en las plataformas propias e innovadoras.

 

 

 

 

 

 

Con muchísima pasión, con muchísima pasión y de a poquito. En vez de conformarte con un trabajo sentarse en una redacción, me voy a tirar a la aventura y voy a recorrer el mundo de la manera más factible posible. Yo veo el periodismo desde la investigación desde la denuncia. Siempre digo que no hace falta irse a un guerra, mira los periodistas del Global… representados en la película Spotlight como sufren por cubrir y lo hacían desde la redacción.

En uno de mis primeros trabajos, en Localia San Benito, estaba muriedno del asco harto de cubrir ruedas de prensa museos del jamón y tractoradas y me involucré con los gitanos y a ver sis ritos y sus conflictos… En todos lados hay temas que merecen la pena ser contados. Puedes empezar por la base por lo que tienes cercano y luego ir viajando, conectando con gente con más experiencia ir aprendiendo e ir pegando saltos a poco, con cabeza de manera profesional. Yo todavía estoy muy lejos de llegar a alcanzarlas.

Un aAi??o mA?s GPress Media estuvo presente en los actos conmemorativos de la matanza de Srebrenica.

Los primeros alumnos y alumnas de GPress repasan, casi un año después, su experiencia en Los Balcanes. Periodismo y el entorno único destacan entre sus recuerdos.

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Antonio Pampliega es periodista especializado en conflictos bélicos. Comenzó a trabajar como reportero freelance en 2008, ahora con un nombre ya reconocido internacionalmente repasa con GPress su trayectoria.

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Campo Sid

Campo de refugiados de Sid. Carles Latorre.

El campo de refugiados de Sid es el último antes de entrar en la Unión Europea. Los que llegan allí ya han pasado por la parte más dura del camino. Es el último paso. Sin embargo, hace menos de un mes, los países balcánicos (Macedonia, Serbia, Croacia y Eslovenia) limitaron el número de trenes para trasladar a refugiados a uno a diario y a 500 personas al día. Esto significa que el número de refugiados que hay en cada campo sólo puede seguir aumentando. A esto se suma el tratado que firmó la Unión Europea con Turquía en el que acordaba el intercambio de inmigrantes regulares por refugiados. Esto significa que los refugiados serían devueltos a Turquía (que por cada uno de ellos se acogería a un inmigrante con papeles) y que ningún refugiado más podrá pasar a territorio de la Unión Europea.

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Campo de refugiados en Sid. Alberto GarcAi??a.

Turquía y la Unión Europea firmaron el pasado domingo el ya denominado “tratado de la vergüenza” por el que ambos gobiernos se comprometen a cerrar fronteras y devolver a los exiliados a tierras turcas. El tratado ha sido tildado como “una violación de los derechos humanos” por parte de la ONU. Sin embargo, las deportaciones parecen no entender de legalidad ni de derechos humanos.

Leire Ordoyo

La mayoría de refugiados consiguen llegar a Serbia atravesando campos de maíz. Su última parada antes de llegar a la frontera entre Serbia y Croacia fue Bulgaria. La zona situada entre los dos países se considera el punto más álgido de la “ruta de los Balcanes”. Sid se convirtió hace tiempo en una concurrida zona de paso para los refugiados que llegaban a territorio Serbio. Se habilitó como campo un antiguo motel en la frontera entre Serbia y Croacia, donde se han dispuesto algunas literas triples “recuerdan a los campos de concentración nazi, pero es la única manera de resolver la situación”, dice una fuente del Comité para los Refugiados y Migrantes de Serbia. Aunque ambos gobiernos han prohibido la entrada de refugiados en sus países, las autoridades lo pasan por alto. El campo fue pensado en principio como un lugar de tránsito para los refugiados provenientes de Siria, Iraq o Afganistán, pero ha acabado por convertirse en un lugar de estancia indefinida para muchos de los que pasan por ahí.

Es el caso de Eshan, un ingeniero afgano que lleva cuarenta días en Sid y que admite “haber perdido toda la esperanza”. Como Eshan, la inmensa mayoría aspiran a llegar Croacia para alcanzar sus destinos: Alemania, Suiza o Bélgica. Sin embargo, tanto Eshan como el resto de exiliados se encuentran bloqueados en Sid. Su retención indefinida se debe a que la mayor parte de ellos posee un sello turco en su pasaporte y esto acaba por convertirse en una traba para continuar con su travesía, ya que las autoridades croatas no les permiten cruzar la frontera bajo esas condiciones. Como él, cientos de personas se encuentran retenidas en las nuevas cárceles, nacidas por la necesidad de aunar a los otros. Aquellos que huyen de un inferno sin fin, que encuentran en Europa una vía de escape. A los que Europa este domingo les cerró la puerta. Europa tiene amnesia. Olvidó que ella también fue refugiada.

A finales del mes de febrero, los países Balcánicos decidieron limitar el tránsito de personas y medios de transporte (trenes y autobuses). A esto hay que sumarle la nueva estrategia adoptada por el país. Serbia no admite el paso a los campos a ciertas organizaciones: “en los campos de refugiados que coordina el Gobierno serbio sólo quieren a organizaciones que den comida y ropa. A nosotros nos deniegan el acceso sistemáticamente”, denuncia Mirko Medenica, abogado y activista de la asociación serbia Mujeres de Negro. El plan gubernamental de “fronteras abiertas” se convierte en una estratagema para evitar que los refugiados pidan asilo político en Serbia.

 

 

Todos los días vemos el sufrimiento por la televisión. Personas que cruzan el mediterráneo; migrantes que se agolpan y amontonan en las fronteras; refugiados expulsados a Turquía, donde saben que serán devueltos a la guerra. Sí, somos testigos de la barbarie y el cinismo de nuestro tiempo, pero al rato se nos olvida.

Texto y fotografía: Alberto García

La semana pasada salí de Sarajevo rumbo a Vukovar, ciudad croata que linda con la frontera de Serbia y visité el campamento de Sid. El refugio está justo en frente de la estación de tren debido a que una gran mayoría de refugiados que intentan alcanzar Centroeuropa y son rechazados por Croacia no tienen más remedio que quedarse allí. Al llegar lo primero que me impresionó fueron los cuervos. Montones de cuervos negros sobrevolando el campamento y graznando, como si te estuviesen dando la bienvenida a la casa de la desgracia. Era un mal augurio.

 

A la entrada, algunos de los refugiados se encontraban charlando entre ellos y fumando. Según avanzábamos veíamos niños jugando al futbol, correteando con perros a su alrededor. Por primera vez podíamos observar sus rostros fuera de la pantalla y era instantáneo; su angustia, su miedo, podías verlo reflejado en sus ojos, ojos en los que ya no se atisbaba esperanza alguna.

 

Un chico, Ehsan, ejercía de traductor para todo el grupo de afganos al que nos acercamos a hablar. Nos trasladó todas las situaciones que habían tenido que pasar para acabar en este campo de chabolas hasta que salió el tema del atentado de Bruselas. Contó como a diario veían cuerpos descuartizados por las calles, sangre y miseria mientras los sabuesos llevaban trozos de lo que antes era una persona entre los dientes. Siempre con la banda sonora de las explosiones de fondo.

 

Es en ese momento cuando comprendes que nadie en su sano juicio pondría alguna excusa para dar la espalda a los que viven a diario el terrorismo que hemos visto hace tres días en Bélgica y hace unos meses en París. Esta gente no son cifras sin rostro, sin historia, sin familia ni sentimientos a los que podemos vender junto a unos sucios millones de euros que sabemos que no se van a destinar para alojar dignamente a los refugiados y en un país en el que no se respetan los derechos humanos.

 

“Hemos perdido toda esperanza”. Esa es la última frase de un estudiante de ingeniería de 21 años que ve como se oxidan las vallas que rodean el campo antes que divisar un futuro digno para él y los suyos. Pero la gente que va a leer esto está en su salón, arropados por la el calor de sus hogares y la tranquilidad de sus vidas, y 5 minutos habrán bastado para olvidarse de los que ya carecen de toda esperanza.

Dosmeses después la situación de los refugiados en Sid ha cambiado completamente. El ambiente alegre y distendido que se respiraba en enero se ha transformado en incertidumbre y desesperanza en marzo. El campo situado frente a la estación de tren de la ciudad serbia era un tránsito constante de refugiados sirios, afganos e iraquíes; una zona de paso camino a Alemania o Austria. Ahora es un campo de larga estancia, tierra de nadie, donde los refugiados pasan días y meses a la espera de que en los despacho de Europa se decida su futuro.

Silvia Fernández

El ambiente es gris en el campo de refugiados de la ciudad de Sid. La ropa tendida por cualquier rincónn del campo demuestra que éste se ha convertido en un lugar de larga estancia. Tambiémn han desaparecido las numerosas organizaciones humanitarias que se encontraban allí hace dos meses. Si no necesitan abastecimiento de alimentos y ropa de abrigo para el viaje, su ayuda hace más falta en otros lugares como Grecia. Ahora es Word Vision quien se encarga de las necesidades de los refugiados en la zona, sobre todo, de los menores.

Los iraquíes y afganos que se encuentran en el campo saben que su futuro es incierto y que deben dejar pasar las horas a la espera de una solución a su situación. Solo se escuchan risas aisladas de los más pequeños que compiten con un perro por adueñarse de un balón de fútbol. Es la alegría y vitalidad de los numerosos niños y niñas  del asentamiento lo que mantiene a los adultos en pie. Son criaturas que han nacido en guerra y la simple ausencia de ella en el campo mejora su situación. Es el caso de Azíim, un iraquí pelirrojo de unos 10 años. “Creemos que tiene 10 años, pero no lo sabemos seguro”, señ ala el responsable del campo que nos acompaña. Es una de las consecuencias de nacer en guerra, no tienes ni fecha de nacimiento.

El viejo motel serbio transformado en campo de refugiados empezó a acumular huéspedes a comienzos de marzo, cuando los países balcánicos decidieron limitar el número de migrantes que podían circular por su territorio camino del corazón de Europa: 500 personas o un tren diario. La situación se agravó con la entrada en vigor del tratado UE- Turquía, desde entonces los refugiados no saben si podrán continuar su camino, pasarán un tiempo indeterminado en Serbia o serán devueltos a cualquier otro lugar. “Todos los díaas tenemos reuniones sobre nuestra situación, pero nunca nos aclaran nada. Seguimos igual, sin saber, pero leemos las noticias y sabemos que las cosas están complicadas para nosotros”, explica en un perfecto inglés, Eshan, un estudiante afgano de apenas 20 años y que hace de traductor de todo el grupo. Llevan más de 40 días en Sid y saben que la solución no llegará pronto: “yo he perdido toda esperanza, estamos aquí y no sabemos si podremos salir en algún momento, solo espero que no nos devuelvan a nuestro país”.

Saben que los últimos acontecimientos de Bruselas aumentan el rechazo por parte de los ciudadanos europeos a su llegada, pero recalca que “nosotros no somos terroristas, al contrario huimos de ellos. Lo que ha pasado en Bruselas, nosotros lo vivimos a diario. Por desgracia ver cadáveres o restos humanos en nuestras calles es normal”. Es algo que Europa no debe olvidar: sirios, afganos e iraquíes huyen de la guerra y de los ataques continuos e indiscriminados de unos y otros.

Cerca de Sid, en Principovac se ha organizado otro campo de refugiados de larga estancia. Se encuentra a 500 metros de la frontera con Croacia, país que ya cerró sus puertas al tránsito de migrantes a mediados de enero. Allí la mayoría son sirios que, como los afganos e iraquíes de Sid, intentan normalizar sus vidas es esta situación de stand-by a la que se ven abocados.

En Serbia hay atrapados alrededor de dos mil refugiados, señalan desde Médicos Sin Fronteras. Dos mil personas a las que las decisiones de Europa han dejado en tierra de nadie, sin perspectivas, sin soluciones, sin futuro.