Un reportaje radiofónico de Nerea Sánchez. 

Vijecnica, la biblioteca de la capital bosnia, abrió sus puertas de nuevo 22 años después de su destrucción a manos del general Milic durante la Guerra.

Texto y fotografía: Leire Ordoyo

La biblioteca es para todos los bosnios símbolo de fortaleza y orgullo. Fue construida en 1896, inspirada en dos estilos clave: el árabe y el oriental. La construcción costó al país cerca de un millón de coronas. La biblioteca, por aquel entonces, contaba con numerosos ejemplares de herencia otomana y austrohúngara.

“La historia de Vijecnica es un símbolo de Sarajevo […] Porque la historia de Vijecnica es la historia de Sarajevo”, así la describe el alcalde Ivo Komsic de la ciudad. Y de hecho, el edificio tiene un valor histórico incalculable: fue testigo de la muerte del archiduque Francisco Fernando, acontecimiento que dio comienzo a la Primera Guerra Mundial. Con la muerte del aristócrata, se sucedieron una serie de acontecimientos, incluida la creación de la República de Yugoslavia. Se destruyó por primera vez en 1922, tan solo 26 años después de su creación. Eran épocas difíciles para el Viejo Continente. La repulsa hacia el odio étnico y el rencor a la guerra podían verse reflejados en obras de artistas como José Carreras, la Orquesta Filarmónica de Sarajevo o el violoncelista Vedran Smajlovic. La restauración de la biblioteca comenzó en 1996,tras haber sido devastada por la Guerra de los Balcanes, justo un siglo después de su inauguración y el gobierno austríaco donó 750.00 euros para su reconstrucción. Entre 2002 y 20014 la Unión Europea lanza una serie de planes para devolver al pueblo bosnio uno de sus iconos característicos, los planes de renovación ascienden a un total de 8 millones de euros.

El edificio, reconstruido en su totalidad, es un área multifuncional donde conviven distintas actividades culturales tales como exposiciones y conciertos. Además, parte de su espacio se destinará para crear una biblioteca universitaria y el salón de sesiones del ayuntamiento de la capital. También se empleará para ofrecer recepciones oficiales y como espacio escénico. Sin embargo, en el pasado fue ayuntamiento, juzgado y finalmente, biblioteca.

El bombardeo

La noche del 24 al 25 de agosto de 1992, Sarajevo lloraba la muerte de su edificio emblemático. Una bomba de fósforo lanzada por las tropas serbias acabó por reducir el emblema a cenizas. El cañonazo serbio se llevó consigo un edificio y un contenido literario de gran valor patrimonial, herencia de los imperios austrohúngaro y otomano: 700 manuscritos, una colección sobre la historia de bosnia y 155.000 ejemplares únicos. Un total de dos millones de obras ardieron aquella noche, “el 80% de los documentos que se encontraban en la biblioteca”, calcula su actual coordinador de ésta, Admir Dedovic. Dedovic se encarga de gestionar las actividades ofrecidas en las instalaciones. Aquella noche, algunos transeúntes y personal de la biblioteca trataron de salvar los ejemplares entre los disparos de los francotiradores, arrojándolos por las ventanas. A muchos de ellos su heroicidad les costó la vida.

Sarajevo, lejos de convertirse en lo que Koljevic deseaba, se ha visto una progresiva acentuación de las diversidades culturales y étnicas. Aunque la mayor parte del país profesa la religión musulmana (en torno a un 45%) coexisten distintas religiones y culturas que dificultan el flujo los procesos sociales de una forma rítmica. Por ejemplo, la presidencia cuenta con un sistema de rotación buscando la igualdad entre las comunidades, el sistema educativo queda supeditado al interés de los grupos sociales, etc. Todo ello sumado a una gran corrupción en la política y administración nacionales. La biblioteca de Sarajevo fue algo más que un símbolo nacional, fue el ejemplo de una convivencia hipotética entre las comunidades del país balcánico, coexistencia que constituye la asignatura pendiente de este país. Es un núcleo multicultural inestable, en el que el más mínimo cambio en la estructura socio-política del país puede desencadenar un conflicto armado.

Otra cuestión que no hay que dejar pasar es la fuerte islamización del país un buen ejemplo es la biblioteca, que llegó a recibir fondos de Qatar. La islamización de la población, casi forzada, debido a que la mayoría de los practicantes de la religión son esclavos que se unieron forzosamente al Islam. Así, el pequeño país del sureste de Europa se convierte en el conejillo de indias de Europa y el suculento caramelo de Oriente Medio. Sarajevo ha sido desde sus inicios un testigo crucial de la historia universal, de una historia en la que es un actor pasivo, sometido por su localización geográfica y vendido al mejor postor.


Futuro impredecible

El futuro de la sala parece no ser muy cierto, acoge distintas actividades culturales pero su fin no está del todo claro. “Es cierto que hay espacio en la biblioteca, pero necesitamos fondos para reconstruir lo que se quemó”, admite Dedovic. “No sé si llegaremos a volver a tener una biblioteca como tal.” Sin embargo, admite “Hay muchas generaciones que estudiaron aquí, que se formaron aquí, con las nuevas herramientas, Internet, podremos tener espacio para los nuevos estudiantes.”En cuanto a la manutención económica de la biblioteca, “a la biblioteca no la financia nadie, el dinero lo obtenemos de los conciertos y exposiciones que organizamos, atrayendo a los artistas y al público joven.”

El nueve de mayo de 2014 fue para la biblioteca y para el pueblo bosnio una fecha marcada en el calendario, el renacer de entre las cenizas de un monumento histórico y un símbolo de comunidad. En palabras de su coordinador “fue un nuevo cumpleaños para la biblioteca.”