‘Maratón balcánico’, tercer libro de Miguel Roán (Vigo, 1981) sobre la región, está teniendo una estupenda acogida entre el público. Cuarenta y dos relatos, tantos como kilómetros tiene un maratón, que acercan al lector la realidad de los Balcanes.

Silvia Fernández

Hubiera sido fantástico realizar esta entrevista en la Última Oportunidad. Ese local de referencia intelectual en Belgrado, sobre todo en la Serbia de los años 60. Pero los tiempos, la distancia y las obligaciones no lo permitieron.  Pero compartimos un café con Miguel Roán en otro emblema de la intelectualidad, en este caso, madrileña. Una tarde lluviosa,  el Café Gijón nos ofrece cobijo para charlar con el autor de ‘Maratón balcánico’.

Decía de Delibes que “cada generación tiene su guerra” y para la nuestra  esa guerra son los distintos conflictos de desintegración de Yugoslavia. Eso y “un viaje mochilero que hice anteriormente a la región, el desafío intelectual que me suponía y la equivocación de que llegaría a Belgrado en un momento de explosión de libertad, similar a nuestra transición”; llevaron a Miguel Roán a mudarse a Serbia con veintitantos años.  Los diez años siguientes viviendo en Belgrado y recorriendo la región son los que recoge en el libro.

La realidad de sociedad balcánica

Es pisar Balcanes y empezar a romperse mitos, estereotipos e imágenes colectivas equivocadas. Ello ocurre por, como señala el escritor gallego, “un gran desconocimiento de la zona. Históricamente no han existido especialistas que nos hablasen de Balcanes. Además, las relaciones de España con la república de ex Yugoslavia son muy recientes. En un lado estaba Tito y en el otro Franco. El centro de estudios hispánicos es del 74 y las relaciones comerciales empiezan también en esa época”.

“Los Balcanes producen más historia de la que pueden consumir” afirmaba Winston Churchill. Para Miguel Roán es de los primeros estereotipos que se rompieron  cuando empezó a vivir los Balcanes. “No es un polvorín ni una caja de Pandora. Simplemente nos hemos quedado con la imagen estática de gente blanca de distintas etnias y religiones en un conflicto”. Esa única imagen de la guerra de los 90 que recibimos de la zona nos hace reproducir “el mismo discurso que tenían los viajeros románticos del siglo XIX”. Y así hemos estado dos siglos, reproduciendo mitos y estereotipos de los Balcanes y sus gentes por falta de información. De ahí la importancia del libro de Roán. Un libro divulgativo que acerca la región a aquellos que la desconocen por completo y enamora, más aún, a los balcanistas.

La incomprensión del conflicto de los Balcanes ha llevado a Europa a pensar que “la violencia es endémica allí. Y decir que los balcánicos son violentos es un divorcio con la realidad”, sentencia el balcanólogo.

De igual modo, al recorrer países y conocer sus gentes, pronto descubres que son más parecidos de lo que parece. “Tienen un carácter muy similar. Es difícil distinguir una mentalidad distinta entre uno u otro, entre la gente de Sarajevo y de Belgrado, por ejemplo. No hay gran choque cultural”. Y es que son sociedades que comparten muchas similitudes. En Balcanes el principal problema es la involución que vive la sociedad “cuando una generación vive peor que la anterior es difícil de gestionar”. Provoca “desanimo y victimismo. Victimismo no solo heredado del conflicto sino de la situación actual”, lo que termina convertido en fatalismo y éste en nacionalismo en todos los países. Otro denominador común en los países balcánicos es la diáspora de jóvenes, “son personas que no renuncian  a vivir mejor. Lamentablemente la mayoría quiere marcharse. Son jóvenes de 20 o 30 años. La juventud utiliza la frase tanto en Serbia como en Bosnia: ‘quiero vivir en un país normal’”.

Actualidad balcánica

Aprovechamos a este especialista en la región balcánica para acercarnos a la actualidad y para conocer si esa ‘normalidad’ que exige la juventud está cerca. “No soy adivino”, es la primera afirmación de Miguel Roán antes de comenzar a desgranar y analizar los últimos acontecimientos.

“El referéndum en Macedonia no es válido. No era vinculante, pero una participación de solo el 37% no tiene legitimidad social”. Macedonia celebraba a comienzos de octubre para aprobar el cambio de nombre del país a ‘Macedonia del Norte’ y por tanto una posible entrada del país en la OTAN y la Unión Europea. Apunta Roán a algunas de las razones por las que fracasó el referéndum: “el censo era de 2002, sin actualizar, la campaña ha sido muy floja y se dieron 48 horas como jornada de reflexión y la oposición (el  VMRO) no había apoyado el acuerdo de Prespa entre Macedonia y Grecia sobre el cambio de nombre”.

¿Entonces Macedonia llegará a Unión Europea y la OTAN? “Existe la convicción de que la mayoría de la población está a favor de entrar en la OTAN y en la UE. Es su manera de luchar contra el nacionalismo serbio, búlgaro, griego y albanés.  Los dos grandes partidos están a favor de la entrada, aunque el acuerdo es complicado. Pero siempre queda la posibilidad de la legitimidad del parlamento macedonio”.

Del parlamento macedonio debemos trasladarnos hasta el bosnio. Recién creado tras las elecciones del 7 de octubre. Unas elecciones cuyos resultados se repiten una y otra vez. Mismas familias políticas en el poder, mismo nacionalismo radical tanto bosniaco como serbio o croata. “Quizá el único pequeño cambio sea el croata, Zeljko Komsic, que ha conseguido que bosnios musulmanes le voten. Sus políticas son menos nacionalistas. Pero el mapa geopolítico es el mismo desde Dayton”.

Además, destaca el autor de ‘Maratón balcánico’, “hablamos del radicalismo religioso en Bosnia en la parte musulmana. Y es cierto que existe desde el final de la guerra, con países islamistas haciendo donaciones o construyendo mezquitas. Pero no es el único. Es igual de fuerte el radicalismo ortodoxo (serbios) o católico (croatas) en el país”, radicalismo religioso y étnico alimentado por los partidos nacionalistas.

“Mientras la sociedad no sea capaz de articular un movimiento social, un partido político civil que una las distintas zonas del país, que una a la Federación de Bosnia y Herzegovina y la República Srpska,  mientras no consigan ese movimiento civil es difícil cambiar la situación política en Bosnia”, sentencia Roán.

Pero los cambios si llegan a Kosovo. O a su relación con Serbia concretamente. Y llegan de la mano de sus líderes políticos. Aunque la última visita del presidente serbio, Aleksandar Vučić, a Kosovo acabó en disturbios; “hay algo muy importante, que ambos presidentes han tomado una postura pragmática”. Están dialogando, negociando. Esas negociaciones han llegado a plantear un cambio de fronteras: “el recuerdo del conflicto es muy reciente para entrar en este tipo de negociaciones que impliquen cambio de fronteras o cambios de población. Pero hay que reconocer que ambos líderes han dejado de esconderse en sus discursos vacíos y se han sentado a buscar soluciones. Y está sobre todo relacionado con las conversaciones para entrar en la UE. Tienen que ser Serbia y Kosovo quienes cambien las cosas”.

Un papel más importante de Unión Europea en los Balcanes sería fundamental en el futuro y desarrollo de la región. Bruselas “bajó mucho su perfil en la zona en 2014 y eso ha tenido consecuencias. La UE se ha limitado a mantener la paz y  ha renunciado a otras cosas como la lucha contra la corrupción, la mejora de la democracia, la reforma política y económica o el apoyo a la sociedad civil”.

Como comprobamos siempre que viajamos a Balcanes, como nos explica Miguel Roán y leemos en ‘Maratón balcánico’; la sociedad balcánica ha sufrido una involución. “Económica y política; pero también de derechos y desarrollo en comparación con Yugoslavia”. Involución que solo se superará con la propia superación el conflicto, el apoyo de Europa y el arranque y fuerza de la juventud de los Balcanes.

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