Campo de refugiados en Sid. Alberto GarcAi??a.

Turquía y la Unión Europea firmaron el pasado domingo el ya denominado “tratado de la vergüenza” por el que ambos gobiernos se comprometen a cerrar fronteras y devolver a los exiliados a tierras turcas. El tratado ha sido tildado como “una violación de los derechos humanos” por parte de la ONU. Sin embargo, las deportaciones parecen no entender de legalidad ni de derechos humanos.

Leire Ordoyo

La mayoría de refugiados consiguen llegar a Serbia atravesando campos de maíz. Su última parada antes de llegar a la frontera entre Serbia y Croacia fue Bulgaria. La zona situada entre los dos países se considera el punto más álgido de la “ruta de los Balcanes”. Sid se convirtió hace tiempo en una concurrida zona de paso para los refugiados que llegaban a territorio Serbio. Se habilitó como campo un antiguo motel en la frontera entre Serbia y Croacia, donde se han dispuesto algunas literas triples “recuerdan a los campos de concentración nazi, pero es la única manera de resolver la situación”, dice una fuente del Comité para los Refugiados y Migrantes de Serbia. Aunque ambos gobiernos han prohibido la entrada de refugiados en sus países, las autoridades lo pasan por alto. El campo fue pensado en principio como un lugar de tránsito para los refugiados provenientes de Siria, Iraq o Afganistán, pero ha acabado por convertirse en un lugar de estancia indefinida para muchos de los que pasan por ahí.

Es el caso de Eshan, un ingeniero afgano que lleva cuarenta días en Sid y que admite “haber perdido toda la esperanza”. Como Eshan, la inmensa mayoría aspiran a llegar Croacia para alcanzar sus destinos: Alemania, Suiza o Bélgica. Sin embargo, tanto Eshan como el resto de exiliados se encuentran bloqueados en Sid. Su retención indefinida se debe a que la mayor parte de ellos posee un sello turco en su pasaporte y esto acaba por convertirse en una traba para continuar con su travesía, ya que las autoridades croatas no les permiten cruzar la frontera bajo esas condiciones. Como él, cientos de personas se encuentran retenidas en las nuevas cárceles, nacidas por la necesidad de aunar a los otros. Aquellos que huyen de un inferno sin fin, que encuentran en Europa una vía de escape. A los que Europa este domingo les cerró la puerta. Europa tiene amnesia. Olvidó que ella también fue refugiada.

A finales del mes de febrero, los países Balcánicos decidieron limitar el tránsito de personas y medios de transporte (trenes y autobuses). A esto hay que sumarle la nueva estrategia adoptada por el país. Serbia no admite el paso a los campos a ciertas organizaciones: “en los campos de refugiados que coordina el Gobierno serbio sólo quieren a organizaciones que den comida y ropa. A nosotros nos deniegan el acceso sistemáticamente”, denuncia Mirko Medenica, abogado y activista de la asociación serbia Mujeres de Negro. El plan gubernamental de “fronteras abiertas” se convierte en una estratagema para evitar que los refugiados pidan asilo político en Serbia.

 

 

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