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Siria vendiendo un país seguro para el turismo. Grecia reforzando la idea de que Macedonia no podrá optar por ese nombre. O las diferencias entre los países balcánicos plasmadas en stands turísticos y tour operadoras.

La Feria Internacional de Turismo se ha celebrado en Madrid entre el 17 y el 21 de enero. Una oportunidad para conocer opciones, nacionales e internacionales, de viaje.  Pero, también,  la posibilidad de tomar el pulso a la actualidad política internacional. Lo hacemos en el pabellón 4 de la Feria de Madrid. Allí se encuentran Europa y Oriente Próximo.

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Un aAi??o mA?s GPress Media estuvo presente en los actos conmemorativos de la matanza de Srebrenica.

Todos los días vemos el sufrimiento por la televisión. Personas que cruzan el mediterráneo; migrantes que se agolpan y amontonan en las fronteras; refugiados expulsados a Turquía, donde saben que serán devueltos a la guerra. Sí, somos testigos de la barbarie y el cinismo de nuestro tiempo, pero al rato se nos olvida.

Texto y fotografía: Alberto García

La semana pasada salí de Sarajevo rumbo a Vukovar, ciudad croata que linda con la frontera de Serbia y visité el campamento de Sid. El refugio está justo en frente de la estación de tren debido a que una gran mayoría de refugiados que intentan alcanzar Centroeuropa y son rechazados por Croacia no tienen más remedio que quedarse allí. Al llegar lo primero que me impresionó fueron los cuervos. Montones de cuervos negros sobrevolando el campamento y graznando, como si te estuviesen dando la bienvenida a la casa de la desgracia. Era un mal augurio.

 

A la entrada, algunos de los refugiados se encontraban charlando entre ellos y fumando. Según avanzábamos veíamos niños jugando al futbol, correteando con perros a su alrededor. Por primera vez podíamos observar sus rostros fuera de la pantalla y era instantáneo; su angustia, su miedo, podías verlo reflejado en sus ojos, ojos en los que ya no se atisbaba esperanza alguna.

 

Un chico, Ehsan, ejercía de traductor para todo el grupo de afganos al que nos acercamos a hablar. Nos trasladó todas las situaciones que habían tenido que pasar para acabar en este campo de chabolas hasta que salió el tema del atentado de Bruselas. Contó como a diario veían cuerpos descuartizados por las calles, sangre y miseria mientras los sabuesos llevaban trozos de lo que antes era una persona entre los dientes. Siempre con la banda sonora de las explosiones de fondo.

 

Es en ese momento cuando comprendes que nadie en su sano juicio pondría alguna excusa para dar la espalda a los que viven a diario el terrorismo que hemos visto hace tres días en Bélgica y hace unos meses en París. Esta gente no son cifras sin rostro, sin historia, sin familia ni sentimientos a los que podemos vender junto a unos sucios millones de euros que sabemos que no se van a destinar para alojar dignamente a los refugiados y en un país en el que no se respetan los derechos humanos.

 

“Hemos perdido toda esperanza”. Esa es la última frase de un estudiante de ingeniería de 21 años que ve como se oxidan las vallas que rodean el campo antes que divisar un futuro digno para él y los suyos. Pero la gente que va a leer esto está en su salón, arropados por la el calor de sus hogares y la tranquilidad de sus vidas, y 5 minutos habrán bastado para olvidarse de los que ya carecen de toda esperanza.

Dosmeses después la situación de los refugiados en Sid ha cambiado completamente. El ambiente alegre y distendido que se respiraba en enero se ha transformado en incertidumbre y desesperanza en marzo. El campo situado frente a la estación de tren de la ciudad serbia era un tránsito constante de refugiados sirios, afganos e iraquíes; una zona de paso camino a Alemania o Austria. Ahora es un campo de larga estancia, tierra de nadie, donde los refugiados pasan días y meses a la espera de que en los despacho de Europa se decida su futuro.

Silvia Fernández

El ambiente es gris en el campo de refugiados de la ciudad de Sid. La ropa tendida por cualquier rincónn del campo demuestra que éste se ha convertido en un lugar de larga estancia. Tambiémn han desaparecido las numerosas organizaciones humanitarias que se encontraban allí hace dos meses. Si no necesitan abastecimiento de alimentos y ropa de abrigo para el viaje, su ayuda hace más falta en otros lugares como Grecia. Ahora es Word Vision quien se encarga de las necesidades de los refugiados en la zona, sobre todo, de los menores.

Los iraquíes y afganos que se encuentran en el campo saben que su futuro es incierto y que deben dejar pasar las horas a la espera de una solución a su situación. Solo se escuchan risas aisladas de los más pequeños que compiten con un perro por adueñarse de un balón de fútbol. Es la alegría y vitalidad de los numerosos niños y niñas  del asentamiento lo que mantiene a los adultos en pie. Son criaturas que han nacido en guerra y la simple ausencia de ella en el campo mejora su situación. Es el caso de Azíim, un iraquí pelirrojo de unos 10 años. “Creemos que tiene 10 años, pero no lo sabemos seguro”, señ ala el responsable del campo que nos acompaña. Es una de las consecuencias de nacer en guerra, no tienes ni fecha de nacimiento.

El viejo motel serbio transformado en campo de refugiados empezó a acumular huéspedes a comienzos de marzo, cuando los países balcánicos decidieron limitar el número de migrantes que podían circular por su territorio camino del corazón de Europa: 500 personas o un tren diario. La situación se agravó con la entrada en vigor del tratado UE- Turquía, desde entonces los refugiados no saben si podrán continuar su camino, pasarán un tiempo indeterminado en Serbia o serán devueltos a cualquier otro lugar. “Todos los díaas tenemos reuniones sobre nuestra situación, pero nunca nos aclaran nada. Seguimos igual, sin saber, pero leemos las noticias y sabemos que las cosas están complicadas para nosotros”, explica en un perfecto inglés, Eshan, un estudiante afgano de apenas 20 años y que hace de traductor de todo el grupo. Llevan más de 40 días en Sid y saben que la solución no llegará pronto: “yo he perdido toda esperanza, estamos aquí y no sabemos si podremos salir en algún momento, solo espero que no nos devuelvan a nuestro país”.

Saben que los últimos acontecimientos de Bruselas aumentan el rechazo por parte de los ciudadanos europeos a su llegada, pero recalca que “nosotros no somos terroristas, al contrario huimos de ellos. Lo que ha pasado en Bruselas, nosotros lo vivimos a diario. Por desgracia ver cadáveres o restos humanos en nuestras calles es normal”. Es algo que Europa no debe olvidar: sirios, afganos e iraquíes huyen de la guerra y de los ataques continuos e indiscriminados de unos y otros.

Cerca de Sid, en Principovac se ha organizado otro campo de refugiados de larga estancia. Se encuentra a 500 metros de la frontera con Croacia, país que ya cerró sus puertas al tránsito de migrantes a mediados de enero. Allí la mayoría son sirios que, como los afganos e iraquíes de Sid, intentan normalizar sus vidas es esta situación de stand-by a la que se ven abocados.

En Serbia hay atrapados alrededor de dos mil refugiados, señalan desde Médicos Sin Fronteras. Dos mil personas a las que las decisiones de Europa han dejado en tierra de nadie, sin perspectivas, sin soluciones, sin futuro.